miércoles, 27 de marzo de 2013

Universidad destruida



Ella es hermosa, brillante y científica a carta cabal. Profesora de la Facultad de Ciencias de la UCV, con nivel de postdoctorado, investigadora, comprometida hasta la médula con la Academia porque su trabajo en el aula y el laboratorio no es trabajo sino su vida. Con una mezcla de rabia e indignación me contaba cómo se paraliza de forma cada vez más alarmante la investigación. No se pueden comprar los insumos y equipos necesarios, no solamente por el vergonzante ahogo presupuestario, sino por el laberinto de trabas que inventa la burocracia del gobierno para controlar cada aspecto del hacer de la gente e instituciones.
Lo cierto es que en las Universidades Nacionales, donde se hace la inmensa mayoría de la investigación en ciencias naturales y tecnología del país (entre otras cosas porque solo en ellas hubo los recursos, en algún momento, para el desarrollo de los talentos que la llevaran a cabo y  la dotación de la  infraestructura física costosísima para una Universidad privada) el trabajo científico está muriendo. Esto quiere decir que se paraliza la investigación científica en Venezuela, así de sencillo, vamos a ser un país donde la producción de conocimientos y resultados tecnológicos será nula o completamente inexistente. Estamos hablando no solamente de las ciencias "puras" sino en medicina, farmacia, ingeniería, odontología, entre otros. Como mi amiga, miles de personas que han dedicado lo mejor de sus esfuerzos a formarse, crear conocimiento y saberes tienen como futuro la frustración y la nada. Para el país es un paso gigantesco que hace más profundo el abismo estructural en el que estamos sumergidos, la inopia del conocimiento y la oscuridad más tenebrosa.

o-o-

Mi hija estaba con una gripe tan fuerte que la llevamos al médico. Seiscientos bolívares costó la consulta. Mi sueldo de profesor a dedicación exclusiva es  Bs. 3800. Eso quiere decir que si pensamos que cada consulta del pediatra dura media hora, en tres horas y media hará mucho más de lo que yo gano en un mes. Cualquiera sabe que esa tarifa no es una especulación horrorosa, sino está en el orden normal de lo que cobra un médico. El problema no es ese, sino la miseria forzada a que nos tiene sometidos el gobierno nacional a los universitarios (estudiantes, obreros, empleados y profesores) que han convertido a las Universidades Nacionales en poco más que guetos dónde apenas se pueden llevar muy precariamente las actividades que le son propias y que cada vez se reducen o extinguen. No hay quien quiera ser profesor, al contrario, las deserciones del personal docente son cada vez más alarmantes para irse al sector privado o fuera del país. Todos los insumos para la investigación y la docencia y demás actividades son escasos o ya definitivamente inexistentes y los universitarios tenemos que dedicarnos a ingeniarnos y rebuscarnos fuera de la Academia para poder simplemente sobrevivir.
Todo ello porque este gobierno al no poder tener el control político de las Universidades ha decidido aplastarnos con un presupuesto que es el mismo desde el 2007, con el cerco jurídico que impide las elecciones y produce un agotamiento en todas las instancias de dirección y finalmente con el respaldo explícito y tácito a los violentos que han cometido contra los miembros de la comunidad e instalaciones, sobre todo en la UCV, agresiones de una saña y vileza núnca vistas. Esto, como suele suceder en los procesos culturales tendrá consecuencias gravísimas en décadas siguientes y corregirlo llevará otro tanto más. Es demasiado el daño que se ha hecho.

o-o-

Solamente la estupidez del fanatismo o la simple brutalidad gorila puede ver en ese ahorcamiento a las Universidades Nacionales un triunfo del que ufanarse. La destrucción sistemática que desde hace al menos unos diez años se ha propuesto el gobierno contra las Universidades Autónomas es uno de los crímenes que más caro costarán al país entero. La perdida de talentos, el hundimiento de la infraestructura física, el acoso por todos los medios de la comunidad universitaria la pagaremos caro no los gobernantes que la ejecutan o los que estamos dentro de ellas, sino la sociedad venezolana toda. Además llama la atención la cobardía con la que se lleva a cabo: al no tener fuerzas políticas dentro de las Universidades que mediante los mecanismos electorales propios de la vida universitaria se hagan con el control de las instituciones e introduzcan y propicien los cambios que se desean, han realizado este sofocamiento en cámara lenta, acosándonos por todos los intersticios, sin ni siquiera tener el coraje del asalto definitivo, la toma frontal, porque entre otras cosas reconocen que tendría un costo político enorme. Las Universidades nacionales aún con lo agotadas que están son todavía un símbolo. Por ello el totalitarismo mediocre no se atreve. Son preferibles los modos indirectos de los canallas.
 Frente a eso sorprende el mutismo obediente, cuando no complicidad abierta, con este proceder de hienas y chacales, de miembros del gobierno que son también miembros de la Universidad y, también hay que decirlo, un silencio ominoso del pueblo venezolano, a quien a fin de cuentas le pertenece la Universidad. Yo no creo en justicias divinas ni en  equilibrios morales y  automáticos del mundo. Sí, en cambio, en la toma de conciencia de la gente y en la práxis política que articule los modos para que este grave, vil, egoísta y ciego ataque a la Universidad venezolana termine y se castigue, sobre todo barriendo del poder a sus responsables y ejecutores.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Rincones, luz y sombra

Este texto es el primer ejercicio del TETE, un taller de ensayos que ha sido pretexto para la fiesta de la amistad entre quienes nos empeñamos en ser felices juntos. Va dedicado a todos ellos, los que están y los que no.


Si admitimos que el rincón se define de forma subalterna al espacio central, claro, protagónico, ordenado es entonces, por contraste, el lugar de lo marginal, oscuro, segundón, caótico. Tenemos una necesidad existencial - alimentada por nuestro narcisismo – de figurar en el segundo y evitar el primero. No nos gusta que nos tengan arrinconados.
Sin embargo, torciendo la polaridad de esa distinción podemos hacer una lectura distinta del rincón y de nuestra relación con él. En primer lugar, aun asumiéndolo en su forma más lúgubre, podemos ver un destello de quietud, de relajamiento del control social, de libertad. Pienso en mi adolescencia, en un colegio italiano en el que estuve arrinconado desde todas las perspectivas más importantes para un adolescente. Era el gordito, el pobre, el que no le gustaba pelear, el extranjero, el que estaba sólo. Pero imagino, por otra parte, el esfuerzo - y también padecer- de mis compañeros por mantenerse u obtener un puesto en el centro de la atención. El tener que dar la pelea, a veces explicita y la mayor parte de las veces sorda, por no ser centrifugados al rincón. No sabían que ahí, donde no son muy efectivos los imperativos de la moda, la apariencia, el mostrar algún tipo de estatus, se respira un airecillo de libertad, de desear y experimentar otras vivencias, de permitirse lo que en el escenario es casi inaceptable. Me imagino que ahí encontré el lugar para leer, el poder disfrutar la música académica y el saborear la soledad.
Por ahí está el acercamiento afectivo al rincón, lo que es mío, dónde me siento bien, donde hago lo que me da la gana. Es el espacio de fuga en donde nos permitimos el desorden, el oasis de la locura. Pienso en el necesario lugar para el caos que tenemos en nuestras casas por más pequeñas que sean, el espacio indomable donde ponemos cachivaches que no nos atrevemos a botar, cosas inútiles o alguna gaveta en el closet donde mantenemos ropa que sabemos no vamos a usar más nunca, fuera de moda.  Igualmente hay otros rincones menos espaciales y más temporales, los momentos, pequeños, más o menos breves donde nos saltamos las exigencias del afán por mantenernos posicionados a la vista de todos. Pueden ir desde la lasitud de algunas mañanas de fin de semana, el tiempo en la cola para los que manejan a la fiesta.
Si no bastara esta apología del rincón, acaso podemos intentar una ontología que le de la victoria definitiva. Es conocida la afirmación de Freud de las revoluciones que han sacado al hombre del protagonismo que creía tener y por ello de alguna manera lo han arrinconado. Copérnico nos expulsó del centro del universo, ahora sabemos que somos una mota insignificante en una inmensidad apenas imaginable. El cosmos es la esfera que tiene la circunferencia en todas partes y el centro en ninguna que, como escribe Borges, liberó a Bruno y atormentó a Pascal. Darwin nos quitó el título de culmen de la creación para situarnos a la par de los vermes y las moscas en el origen y mecanismos que gobiernan nuestra existencia como seres vivos en el planeta. Finalmente, el mismo Freud diluyó la imagen del sujeto que puede gobernar su vida racionalmente y nos dibujo más bien la de un ¿sujeto? que apenas puede mantener un frágil equilibrio entre los impulsos que nos conforman y gobiernan. Ni centro del cosmos, ni último escalón de la creación y ni siquiera dueños de nosotros mismos. El otro descentramiento importante es la conciencia de la “profundidad del tiempo” tanto cosmológico como histórico (abrumadoramente más inmenso el primero que el segundo) que atomiza cualquier período de tiempo en el que somos protagonistas y lo hace ridículamente instantáneo.
Una consecuencia obvia es que sin centro, siguiendo la precisión con que comenzamos, no hay rincón o, más bien, sí hay centro y rincón, pero ambos son tan relativos entre sí, tan lábiles, móviles y difusos sus bordes, tan diminutos y efímeros, no solamente respecto a la vastedad del espacio y el tiempo sino a la otra, tal vez más importante para nosotros, del peso y altura de esas personas, obras, momentos tan determinantes en la cultura y con un aliento que nos llega tan poderoso. Frente a ellos nuestros afanes, orgullos y logros o las angustias y tristezas por haber estado o estar arrinconados, desplazados de la atención y no figurar si bien son legítimos - porque son el pathos nuestro de cada día - deberían atemperar su intensidad y que el brillo del triunfo o la oscuridad de la pena provocadas por tan frágiles y mínimas circunstancias, lo reconozcamos con la ligereza y transparencia de la lluvia leve, del suspiro en el rincón olvidado.
Sin pretender borrar los matices oscuros y dramáticos que acompañan al rincón y arrinconamiento, también esos matices sirven para dibujar un paisaje no tan trágico, menos tenso y por tanto más relajado y abierto a posibilidades. Sin embargo, situándonos más desde la posición de figurar en lo que he llamado centro, desde el cual se nos juzga a muchos como metidos en un rincón, vale también discutir el peso mismo de ese centro, su “densidad” existencia y más bien aventurar que los rincones que todos habitamos son más o menos amplios, más o menos iluminados, más o menos permanentes, pero en fin, rincones. Desde esa conciencia, acaso sea un imperativo el que vivamos nuestros rincones en esa maravilla del claroscuro, donde la sombra es un medio para hacer más hermosa la luz.

martes, 29 de marzo de 2011

Virtud

Hans-Georg Gadamer señala acertadamente que existen palabras que parecen haber perdido sentido para nosotros. Son como piezas de museo en libros más o menos viejos que leemos con nostalgia y acaso con un gesto de indulgencia por la simplicidad e ingenuidad de quienes las usaron. Uno de sus ejemplos es el termino “virtud”.

Ciertamente el uso de la palabra virtud entre nosotros tal vez se ha restringido al de la persona que ejecuta bien algo “un virtuoso del piano” por ejemplo. Pero la carga moral y ética nos parece más bien apolillada, rígida y acaso decadente. Escuchar decir de alguien “es una mujer virtuosa” o el lamento “se han perdido las virtudes entre la juventud” serían casi una provocación a la risa. Hoy los jóvenes universitarios nos han mostrado que el concepto de virtud moral si acaso en desuso no ha muerto y le han dado un fuerza y brillo inusitado.

No soy un convencido de las huelgas de hambre, hay en esas acciones algo que me incomoda, si bien la lucha política (y quiero señalar con este termino el meterse en y con los asuntos de la ciudad, del país, con lo que nos interesa a todos) requiere sacrificios, los del ayuno me parecen un poco paralizantes, individualizados, no convocan a la gente sino a una incomoda solidaridad contemplativa, distinto, por ejemplo, a la huelga que mueve a la conciencia y a la acción a los grupos sociales involucrados en la lucha. En este mismo sentido, menos aún comparto la autoflagelación como el coserse la boca. Pero estas opiniones personales rápidamente las dejo a un lado porque los jóvenes que han mantenido la huelga en el PNUD han conseguido con el modo en que realizaron su protesta sus objetivos. Es una estrategia victoriosa.

Pero quiero señalar tres gestos que además de efectivos han sido especialmente luminosos por la virtud que han mostrado dándonos al resto de los venezolanos una lección de moral. El primero es la determinación y valentía por haberse mantenido firmes en su acción durante todo el tiempo que duró y además, cumplir sin dudas ni dilaciones oportunistas los distintos niveles de radicalización de su lucha. Lo que anunciaron lo hicieron. Eso que entre nosotros es tan poco común, resulta ya admirable, ser consecuente en los actos con lo que se dice (otro asunto es si efectivamente algunos de ellos incumplieron la huelga de hambre). Traza una línea clara respecto a la conducta de tanto bravucón de nuestro zoo político.




El segundo gesto es el motivo, la lucha por el presupuesto de las Universidades. La canalla de los voceros gubernamentales, entre ellos los “revolucionarios” líderes estudiantiles reclama que la protesta se ha limitado al problema del presupuesto. ¡Pero si el manejo del presupuesto se ha convertido en el dogal bastardo del gobierno para someter las Universidades! Todos los intentos realmente políticos para controlarnos han fracasado y el gobierno se ha cebado en ahogar las Universidad presupuestariamente, con mayor inquina que cualquiera de los gobiernuchos de la cuarta. De modo que luchar por el presupuesto, no es solamente justo por sí mismo, sino porque ataca uno de los más importante frentes de la ofensiva contra la Academia.

Y por último la prudencia (en todo el sentido aristotélico de sabiduría práctica) y generosidad de los estudiantes casi al final de la huelga. Chávez mismo en, un falso gesto de magnanimidad, ofreció lo que solicitaban en cuanto a las reivindicaciones meramente estudiantiles. Pero detrás de ofrecimiento estaba el veneno de la división: les damos lo que piden para ellos y los aislamos de los otros sectores de la comunidad universitaria. Los estudiantes de manera aguda percibieron rápidamente la táctica y se mantuvieron firmes exigiendo solución para todos los sectores, personal administrativo, obreros, profesores y ellos mismos. Pero especialmente a los profesores sometidos a un apartheid político de parte del gobierno. Con voz firme le dijeron al país que la lucha es por todos los que formamos parte de las Universidades.

Escribir sobre las virtudes debe lleva a hablar de los vicios. No lo voy hacer hoy, estás líneas son para nuestros estudiantes, para honrarlos. Apenas si merece alguna mención el infeliz y rastrero comentario del señor canciller Maduro, de ahí para abajo no deja de subir la miseria de los opinadores del chavismo. Entiendo perfectamente que se trate con dureza (hemos aprendido a no esperar flores) a los opositores pero aun se podría mostrar algo de decencia. Este es un ejemplo amargo que ni eso.

Lo señalaba arriba, nuestros estudiantes nos han dado una gran lección, sobre todo a nosotros sus profesores. Ante la apatía de la comunidad universitaria en general y ucevista en particular su acción, los gestos que he mencionado y otros han sido una enseñanza de virtudes tanto políticas como individuales. Han ofrecido una forma gallarda de hacer política y un modo ejemplar de actuar ético

Honor a su lucha, ahora debemos acompañarlos.

lunes, 23 de agosto de 2010

El discreto encanto de nuestra burguesía

El espíritu de nuestro tiempo, criado bajo el más totalizante y chato hedonismo no puede entender –y por eso no hace suya- la necesidad del padecimiento, del tránsito en el desierto, de vivir la derrota, del saber gustar la acrimonia con que a veces se nos presenta la vida, de acariciar su dureza constitutiva y ejercer el recogimiento al que invita la noche oscura del alma. Ante eso nosotros siempre preferimos huir hacia lo soft, lo cool, lo edulcorado, forzar hasta lo absurdo y ridículo el happy end.

o-o-

Del mismo modo, la necesidad de una expresividad extrema, casi constitutiva de nuestro ser (el uso y abuso de teléfonos celulares, computadoras, el amplio espacio de los medios de comunicación son rasgos importantes de este goce devorador de comunicarse, de estar conectado, de hacerse notar) ha acallado el momento del silencio, de la mudez, del alejarse por momentos del parloteo infinito y tratar de escucharse en la intimidad, palpar lo que tenemos que decirnos y lo que dice el mundo a través de nosotros. Pascal tenía parte de la respuesta: seguramente no vamos a soportar lo que se nos aparece que es la muerte y nuestra condición de absoluta menesterosidad y finitud.

o-o-

Coquelin: ¿Qué es lo bello?
Oscar Wilde: Lo que el burgués llama feo.
Coquelin: ¿Y que es lo que el burgués llama bello?
Wilde: Eso no existe.


La cultura burguesa –y en especial nuestra burguesía y pequeña burguesía criolla- no puede tener la experiencia de la belleza ni, en consecuencia, intentar vivir bellamente, porque solo gusta de lo bonito, lo iluminado, de la melodía graciosa y sobre todo la novedad de oropel. No hace suya la necesidad del equilibrio con la oscuridad, el horror, el tempo cansino, el pararse ante el abismal misterio de lo real. Igual que lo meramente bonito, lo grotesco, no el horror sino lo horrible, la música violenta y brutal (pienso en el reaggetón), la sordidez, tienen un espacio aparte en sus vidas, aislado sin vasos comunicantes con lo anterior, del cual se entra y sale como de la casa del horror de la feria, que se disfruta, pero que está desconectado de la vida como la feria fuera de la ciudad.

o-o-

Si no fuese tan natural debería llenarnos de asombro y tristeza la pobreza espiritual de nuestras actuales clases más o menos pudientes. Su falta de cultura, de formación amplia, universal, su gusto ramplón y por tanto sus costumbres tan chatas y, no menos importante, su cobardía política y falta de un ethos.

Por referencia a la cultura basten un par de ejemplos. Con el copamiento de los museos públicos, bibliotecas, teatros por las grises y chabacanas propuestas chavista no se ve ninguna iniciativa -a no ser por minúsculas gestos de grupos que para nada encarnan el sentir general- de crear alternativas a esos espacios para sí mismos. La respuesta es simple: no les hace falta. Basta preguntarse cuáles son sus logros en la cultura, cuál es su “consumo” cultural. Otra vitrina de su estulticia son las Universidades. Las privadas son en general centros de formación de cuadros técnicos para empresas y negocios y para nada lugares de formación de un espíritu vigoroso en todas las áreas de la cultura, de generoso mecenazgo de algo distinto a la administración, derecho y economía (ojalá fuésemos más pitiyanquis en esto y siguiéramos el ejemplo de la Universidades privadas norteamericanas) y, por otra parte, las Universidades públicas languidecen arrinconadas vilmente por el gobierno sin importarles mayor cosa más allá de cierto tráfico politiquero de corto alcance.

Respecto a lo segundo, lo que podríamos llamar sus "virtudes" republicanas, el panorama tal vez es peor. Cómo en lo anterior, excepto en poquísimos casos, este sector social encerrado en sí mismo por el terror neurótico, impotente, le ha dado la espalda al país, ha perdido la apuesta cívica, el honrarse con el servicio público, reconocer la necesidad de involucrarse y ejercer lo político. Contrasta con la actitud de esas mismas clases de cuarenta, cincuenta o sesenta años atrás que construyeron un país (desde el establishment o contra él), que se tomaron el riesgo de enfrentarse a la dictadura y posteriormente, en la naciente democracia, se fueron a la guerra (una guerra de verdad) o se quedaron a defender el modelo político que habían construido, lo que no es menos valiente. Al enajenarse de esa manera no extraña que la única salida que perciban es irse del país, lo que no deja de tener, por cierto, muchísima justificación. En todo caso, volver a recuperar ese lugar, hacer vida en este país, en el sentido más amplio y generoso llevará mucho tiempo, esfuerzo y, seguramente, que vengan otros distintos a estas dos generaciones ahogadas en su propia impotencia y mezquindad.

Nota Bene: mal pensaría algún lector distraído que estas líneas pudieran usarse al lado de la verborragia chavista contra "la oligarquía", nada más alejado de nuestra intención. A buena parte del chavismo de clase media y su ricachones les queda el triste papel no de ser la antítesis de lo descrito anteriormente, sino tal vez su culminación más extrema.

domingo, 15 de febrero de 2009

Tres momentos de la izquierda derechizada

Prefiero al jefe de un ejército de ocupación extranjero en la presidencia de la República que a Hugo Chávez

Angela Zago



Que Chávez ha enloquecido este país se muestra en como a algunos la brújula política se les ha extraviado. No se trata ya de la crítica directa hacia el gobierno sino de actitudes y opiniones que si no muestran rasgos de la derecha dura –démosle el beneficio de la duda- al menos evidencian un grave garete político, que impide separar el grano de los motivos de una izquierda decente de la paja de la derecha de uña en rabo

Lo menos que deseo aquí es defender al gobierno y a su timonel. Bastante hay que criticarles y hay que hacerlo ferozmente, aunque mis críticas apunten a otro lado que es radicalmente distinto del que se trasiega en los medios de la oposición. Quiero más bien llamar la atención sobre ese extraño e infantil giro de “si es lo que dice Chávez, entonces la cosa va por el otro lado” de mucha de la izquierda bienpensante. Me permito poner dos ejemplos concretos y una, llamémosla así, alegoría. Los dos primeros ilustran lo que quiero decir y el tercero honra lo que creo es una actitud opositora, pero clara en su perfil de avanzada. Los dos tienen como protagonistas no a opositores histérico de esos que sin el menor disimulo sueltan cualquier insulto racista contra Chávez o sus seguidores, como sucede en esa fétida cloaca que es Noticiero Digital en la que minuto a minuto se destila lo peor de la miasma del pensamiento de la oposición, de esa gente-bien,-clase-media-como-uno. Al contrario, los personajes que uso para ilustrar mi idea pasan por ser faros de los sectores más progre de la política venezolana. Tampoco pretendo hacer un sesudo análisis de su estructura ideológica-política, sino mostrar tres pinceladas de un tipo de conducta que a ratos me disgusta y la mayoría de las veces me parece vergonzante.

El primero es Teodoro Petkoff en su editorial de Tal Cual del jueves 12 de febrero Chávez y la Sinagoga. Después de reconocer tímidamente que ese hecho vil y despreciable no fue realizado por agentes del gobierno, sino más bien por malandros del entorno de seguridad del templo, acusa sin embargo, de autor intelectual o inspirador a Chávez por sus ataques antisemitas. A ese gran bocazas que es Chávez más de una vez se le ha escapado lugares propios del antisemitismo. Mal que bien ha tratado después de enmendarlos (en esa tónica ocurrió el encuentro con el Congreso Judío Mundial) y la cosa se ha suavizado, no porque yo lo diga, sino porque los agraviados han aceptado, mal que bien, las disculpas. Puede que haya algo de lo que dice Teodoro, pero me pregunto -sin que se asome por ello en ninguna parte la más leve sospecha de justificación- si la barbarie hecha por el estado sionista de Israel en Gaza no puede ser un propulsor (como lo llaman los psicólogos) más poderoso de esa acción delincuencial. Lo que ha dicho Chávez es grave, pero lo que ha hecho y continúa haciendo el estado de Israel contra el pueblo palestino es más terrible y sin embargo, sobre eso Petkoff parece no hacer la más leve asociación. Elegir esa sola respuesta, sin considerar la segunda habla más del que las pondera que del peso específico de cada una, nos muestra elocuentemente la posición de Teodoro.

En el mismo Tal Cual pero del lunes 09 de febrero, en sus Distopías titulado Red Bull con Anís, Ibsen Martínez cae, sin prurito alguno, en el fácil expediente de describir a los chavistas, ahora pesuvecos, como “feligreses a sueldo y de empleados públicos nariceados” que pasan los mítines a punta de un brebaje infernal de Red Bull con anís, solo tragable por los susodichos, no por la gente-bien,-clase-media-como-uno. No me es difícil recordar a una Colomina, a las 5:30 de la mañana en el canal diez, vociferando las lindezas de que los chavistas eran hordas de delincuentes borrachos ¡Martínez, lo mismo que dice la derecha más desaforada! ¡Por dios un poco de respeto por un grupo político de al menos unos cinco millones de personas! ¿no es meter en un solo saco denigrante e insultante a ese inmenso gentío? Eso de la generalización es una de las puertas de entrada al fascismo: ¿recuerdas lo de que todos los colombianos son ladrones en los años 80? ¿o el tema del programita de la licenciada Beatriz de Majo acerca de la flojera y manganzonería propia del venezolano? ¿No es acaso uno de los trabajos de los intelectuales distinguir un poco, hilar fino? De nuevo el discurso antichavista se convierte en el pretexto de un pensamiento de derecha sin embozo, y eso que quien lo escribe afirma ahí mismo que “no solo soy un demócrata, sino que tengo la sangre razonablemente liviana” ¿has leído Ibsen aquello de Sartre de que nuestras almas bellas son racistas?

El tercero, pero ahora afirmativo, supondría traicionar la cálida privacidad de una reunión por demás grata en casa de un amigo, por ello será solo una vaga evocación. Se discutía ahí, en el 2006, entre buenos amigos que además son, a mi parecer, de lo más alto de las humanidades en este país, sobre las elecciones de México. Casi todos estaban fundamentalmente contra López-Obrador porque era algo así como el Chávez de México. “Calderón es más serio, no es el demagogo populista de López-Obrador” se decía palabras más o menos. Un historiador, antichavista como ninguno, y hombre de izquierda con sensatez política ripostó diciendo que había que tener cuidado con el PAN, que esa gente es lo más reaccionario de México, que son la herencia de los Cristeros. Lo mismo que sucedía –recordaba- con el PP de España, eso no era ninguna derecha así no más, sino era la quintaesencia del franquismo. En dos platos, que por ser antichavista no se debía caer en la tentación de coquetear con las posiciones de la extrema derecha.

Ahí pude ver un compañero de rumbo que sin amainar la virulencia de sus ataques al proceso, mantuvo sin embargo definido su perfil, sin olvidar quién es quién, lo que es imprescindible para saber quién es uno mismo. Se trata de estar más centrado pero en la izquierda, por supuesto.

domingo, 18 de enero de 2009

Gaza: La muerte del Mundo

Erik del Bufalo buen amigo, ha escrito este texto de una lucidez estremecedora que apoyándose en el horror de Gaza quiere, más que mostrar, poner(nos)en evidencia para contemplar no a dónde nos están llevando sino, más bien, a dónde nos estamos dejando llevar.


Parece una paradoja, pero los argumentos oficiales de Israel para aniquilar a los habitantes de Gaza justifican de retruque la existencia del Gueto de Varsovia. Alguien en la Knéset debería darse cuenta de esta verdad auto evidente ¿Los nazis, acaso, no se defendían "preventivamente" del peligro que "representaba" la resistencia judía? ¿Puedo yo caerle a patadas a un parapléjico postrado en su silla de ruedas, so pretexto de que éste "haría lo mismo" si no fuese parapléjico? Estas son las aberraciones lógicas y éticas que la propaganda sionista nos obliga a pensar. Ya sólo por estas "explicaciones", la situación palestina es insoportable e indigna para cualquier tipo de inteligencia. Cada vez que el Estado de Israel "explica" sus "razones" el mundo entero es insultado en lo que le queda de su facultad de pensar.

Pero como si esto fuera poco, en medio de esta inacción mundial ante lo obvio, aparece por todas partes el murmullo de una extraña pregunta: "¿Cómo puede ser tan inicua la víctima perpetua?" El cálculo del mal es imposible, pero el sionismo hace tiempo que lo resolvió con un ingenioso silogismo: "Nosotros fuimos la víctimas del mal absoluto (el Holocausto), por más daño que infrinjamos a un pueblo inocente nunca será tan horrible como lo que sufrimos nosotros; luego, tenemos el legítimo derecho de arrasar con los palestinos (la Nakba)." Según estas cuentas, dignas de un personaje shakespeariano como Shylock, el mundo entero no puede reclamarle la "módica" cuenta de la Nakba a Israel ya que le adeuda la cuenta infinita del Holocausto.

De allí la culpa impagable. O, más bien, una doble culpa que no se puede expiar y que impide tomar una decisión justa. La triste moral del liberalismo romántico de nuestros tiempos es que todo se hace para que nada digno pueda crearse. Tampoco una carreta se mueve si es tirada por dos caballos que miran en sentido contrario: "me siento culpable por los judíos como me siento culpable por los palestinos, por ello no puedo hacer nada, sino un llamado a las partes en conflicto", concluye el atribulado espíritu "comprometido" de la supuesta comunidad internacional. No se entiende otra explicación, pues, como observa Jean Bricmont en un excelente artículo, no existe ninguna razón táctica ni estratégica de este orden mundial capitalista que deba ceder por fines geopolíticos o económicos al atroz castigo de Israel a la población civil de Gaza.[1] De hecho, al capitalismo mundial le conviene más venderle hamburguesas a los niños palestinos que dejar al sionismo hacer de ellos carne molida.

Entonces, ¿qué chocante secreto encubre esta inacción del mundo ante el dolor de Gaza? ¿Por qué todas las cadenas trasnacionales de la información nos muestran este horror con tanto entusiasmo? ¿Qué se nos está queriendo vender? Para no darle la razón a todos aquellos paranoicos que defiende la autenticidad de los Protocolos de los Sabios de Sión, los gobernantes de Israel nos obligan a tratar de explicar por ellos lo inexplicable.

Postrados, vemos el bombardeo inclemente del mayor campo de exterminio del planeta. Mientras debemos escuchar al cinismo, ya fuera de sus goznes, perorar incansable sobre el "derecho a la autodefensa" y la "lucha contra el terrorismo". Estos argumentos son irrefutables. Son los dogmas de fe de un tiempo cuya única certeza es la estupidez. Nada tan imbécilmente argumentado tiene una respuesta lógica. Por ello no perderemos el tiempo con el "debatismo", tan inútil como maldito, de las maneras "políticamente correctas" de esta época oscura. La masacre de Gaza, la matanza de niños y mujeres, el castigo inclemente a las escuelas, hospitales y hasta los centros de refugiados amparados por la cómplice ONU, sobrepasa cualquier ámbito moral del discurso. Israel ha caído fuera de toda esfera moral y hablar de lo que este Estado – supuesto obsequio de la humanidad al pueblo judío– realiza impunemente implica también el uso de un entendimiento que sobrepase todo chantaje moralista.

Se nos quiere vender el horror. Así se compra luego a buen precio la pasividad del orbe. Es un juego especulativo más fraudulento que los negocios de Madoff. Asistimos al negocio sucio entre dos clases de infames. Por un lado la matanza en Gaza y por otro el desfile de muertos vivientes, zombis inanes, esperpentos cretinos, autómatas movidos por una mano invisible en que se han convertido los lideres políticos y la gran prensa del mundo "desarrollado". El estado actual del discurso mediático y político supone un nivel de embrutecimiento y languidez que presagian a corto plazo el advenimiento del más horrible de los despotismos que haya hasta ahora conocido la humanidad: El reino de la impotencia total.

Lo que demuestra Gaza, después de Iraq, es esencialmente que las democracias capitalistas han llegado a la apoteosis de su proyecto secular: asimilar la libertad humana a la impotencia liberal. Mientras sólo cinco o seis malparidos disfrutan de un poder de decisión que ni faraón ni rey persa ni soberano absolutista alguno se imaginó capaz de tener para sí.

Erst Jünger decía que al hombre había que dejarle siempre una salida. El marasmo asesino se ha consolidado en un orden mundial absolutamente asfixiante y sin salidas. Todo se ha vuelto mentira, inacción, retórica maldiciente y burocracia. La política ha muerto en occidente y sólo queda la administración de los restos de una civilización que ha perdido todo sentido vital de justicia. La crueldad llegó a su nivel máximo de abstracción y la mortificación humana ha encontrado en este siglo que comienza zonas seguras, bien administradas, de aniquilamiento. En Gaza, la destrucción de los cuerpos; en el resto del mundo, la pérdida del alma: Una y otra muerte son complementarias, una se hace en favor de la otra. Por ello, a diferencia de los nazis, las barbaridades que cometen hoy los sionistas no son secretas, pero se difunden por todos los medios posibles. Los nazis mataban en cámaras oscuras, casi clandestinas, esperando que su imagen de hombre superior no fuera manchada por la ignominia. Los sionistas matan a propósito ante las cámaras de televisión, para que todos veamos y nos sintamos inferiores. ¡Hasta se ufanan de ello y proponen en público lanzar bombas atómicas!

Estamos en presencia del más funesto de los terrores: el miedo proyectado siempre en el rostro del otro, el peligro sin causas aparentes, la amenaza que nunca termina de cruzar la puerta de nuestras casas. Vivimos tranquilos esperando no toparnos con la imagen del horror sobre el semblante del prójimo. Lahcen Ikassrien, ex prisionero de Guantánamo, confesaba que la peor de las torturas que sufrió fue presenciar el suplicio de algún compañero, aguardando con impotencia su eventual tortura; la cual a veces no llegaba porque ya no hacía falta.[2] Este es el nuevo imperativo del poder: "Anonado a tu amigo ante ti para que tú te paralices de terror, y te sometas a mi máquina infame de dominación, sin necesidad de que pierdas la salud." A los palestinos los torturan para someter al resto del mundo. Ese y no otro es el Summun del terrorismo. Este es el nuevo despotismo nihilista que emerge en el horizonte de la nueva era. Ante esto, el fascismo histórico queda, como lo afirmaba Deleuze, como un simple hecho del folklore europeo. El orden actual de las cosas prefiere la muerte del mundo antes que su propia muerte. Y esa muerte nos atormentará por mucho tiempo antes de que le toque a cualquiera de nosotros. Es la cercanía del cadáver descuartizado de un niño que vive lejos.

Un nuevo orden de gobierno ha comenzado a develarse. Es un orden que se revela implacable si prendes un cigarrillo en un aeropuerto, mas aplaude la acción impúdica de todos los genocidas de la democracia liberal. El proyecto para matarnos a todos está en marcha. Pero no moriremos de una manera cualquiera. Se trata de una forma de muerte muy específica en la cual no necesariamente perderemos la "salud": la muerte de la voluntad, la muerte en vida, la muerte de la dignidad humana, mientras, saludables, presenciamos impotentes el triste devenir de las cosas en un televisor y tomamos el asqueroso café de Starbucks, después de hacer nuestras compras de rebajas, en sitios "libre de humo".

Adorno esperaba que después del 45 la poesía muriera para siempre. Pero los palestinos aún hacen sus poemas. Por eso quizá también destrozan sus cuerpos, pues ellos, a diferencia de gran parte del mundo, no conocen la muerte moral. La verdadera muerte es permanecer impasible ante el espectáculo de ver sufrir al otro sólo porque existe. Quizá el camino hacia esta muerte ha cruzado un umbral irreversible, o quizá aún podemos liberarnos de un temor sin límites y de la esclavitud perpetua. Quizá todavía quede un punto de hombre en todos nosotros. Quizá si exista el juicio final. Quizá hay otro mundo posible después de este mundo enfermo y caduco. Quizá las campanas del Apocalipsis sean de fósforo blanco.

Notas:

[1] Jean Bricmont, Trois idées simples pour mettre fin au soutien politique aux crimes israéliens en http://www.voltairenet.org/article158980.html

[2] http://www.kaosenlared.net/noticia/video-testimonio-lahcen-ikassrien-ex-preso-guantanamo

Erik Del Bufalo: Doctor en Filosofía (2000); M.A. (1996) Universidad de Paris X; Lic. en Filosofía (1995) Universidad Central de Venezuela. Actualmente es profesor de posgrado en la Universidad Simón Bolívar, abarcando las áreas de investigación de antropología filosófica y ética contemporánea, filosofía francesa contemporánea, filosofía alemana contemporánea, estética.

domingo, 11 de enero de 2009

Correo de la hermana-hormiga




Decir algo ante el horror de la guerra se me iba haciendo cada vez más urgente. Compartí con mis amigos una noticia terrible y Kelly Martínez (Profesora de la Escuela de Artes de nuestra U. C. V) me respondió de una manera hermosa y desgarradora. A continuación van sus palabras que también son las mías (la noticia está en el link al final).


¡Maldita sea, Luis! Se me salen las lágrimas. Nada, nada le da derecho a Israel a este tipo de atrocidades. ¿Sabes? Soy el tipo de personas que intenta ser ecuánime con los conflictos políticos y no tomármelos como si fuesen un partido de fútbol (a la ligera). Conozco algo de la historia de Hamas y su constante utilización del pueblo palestino como escudo humano en Gaza, pero aún así nada, absolutamente nada, le da derecho a Israel a ésto.
A pesar de que no me gusta hablar de política, decidí escribirte en primerísimo lugar, porque la noticia me impactó mucho (tal vez la foto de los niñitos llorando, asustados) y en segundo lugar, porque eres un hombre cuyas ideas respeto. ¿Sabes lo que más me jode de todo ésto, Luis? Que al final, quien paga siempre es el pueblo. Los poderosos duermen bien. Cuando reviso la historia o al menos cuando intento hacerlo, es la única conclusión medianamente lúcida a la que siempre llego.
¿Qué puede hacerse, amigo? ¿Cómo puede uno revertir la historia y que nuestro futuro sea, tal vez, un poco más justo? A veces me siento tan ínfima, tan sola, tan poco capaz de hacer algo. Pasaron mis años de idealismo en los que creí que podría cambiar el mundo pero, aún así, no hay nada que me duela más que la impotencia de no poder hacer nada. Ahora creo que las revoluciones (aunque no me guste la palabra, es la única que se me ocurre) comienzan por casa...pero no es suficiente.
Veo este tipo de cosas y no logro entender, jamás lograré hacerlo, cómo puede el ser humano llegar a tanta crueldad. No bastan psicología, filosofía, poesía, nada para acercarme a una respuesta.
Perdón por la perorata, pero de verdad me afectó lo que mandaste. Más que cualquier noticia de las que he visto hasta ahora. No me gusta darme golpes de pecho por cosas que a veces no siento sólo porque ahora esté de moda el ser "políticamente correcto" (tal vez me equivoco y no es una moda, pero así lo siento)...pero esa foto me mató. Más que las de cadáveres y demás. No soporto que los niños sufran, no lo entiendo, no lo tolero, me revuelve el estómago.
Pero ya basta de lamentaciones. ¿Ya nació tu bebé? Ojalá podamos construir un mejor mundo para él. Tengo fe aún de que así será y desde mi minúsculo espacio de hormiga en el universo, prometo hacer lo posible porque así sea.

Un abrazo y nuevamente disculpa la descarga.

Kelly

http://www.un.org/spanish/News/fullstorynews.asp?newsID=14507&criteria1=Palestina&criteria2=Israel