viernes, 14 de febrero de 2014

Algunas ideas:


En un momento de crisis tan profunda, lamentablemente no se puede pensar que la lucha para salir de este gobierno sea ordenada y limpia. Es trabajo de los dirigentes pero también de los ciudadanos encausarla bajo formas efectivas políticamente, que no lo fortalezcan y que se eviten muertes, heridos, desaparecidos y detenidos por gestos bravucones y estériles. Es mucho el costo y los resultados han mostrado que blindan al gobierno y nos debilitan a nosotros.

El gobierno es criminal, tiene manchada las manos de sangre. Se apoya para reprimir y aterrorizar en bandas de delincuentes en connivencia con la policía y lo militares. Ha torturado, tratado de desaparecer evidencia judicial que comprometa a policías. El presidente miente descaradamente  al mostrar fotos donde solo se ven personas causando destrozos pero no a policías y parapolicias armados y disparando. Eso además le quita toda verdad y legitimidad al discurso de paz, pacificación, orden, leyes y por supuesto no justifica la ola represiva feroz contra una población e incluso contra el grupito irresponsable que hizo esos torpes actos de violencia. Por supuesto hace que tengamos que pensar las acciones de calle, plantearse estrategias de defensa, es una irresponsabilidad salir a la calle sin entender que en cualquier momento estos criminales nos ataquen.

Esta lucha es política, no parece que otras alternativas para salir del gobierno sean posibles en estas circunstancias. Aunque el espacio político sea estrecho, deformado por el gobierno, asfixiante por momentos, es ahí donde debemos movernos, fuera de él es pensar en atajos que han tenido consecuencias funestas. Es un grave error pensar que los militares nos van a sacar de esto, la salida política deberá contar con respaldo militar pero nunca debe ser liderada por militares. Con quien hay que contar y articular en las innumerables posibilidades que  ofrecen es con los venezolanos opositores que están afuera. Poco se ha hecho con ellos.

Esa lucha política tiene múltiples escenarios, los grandes, nacionales como las marchas de protesta de estos días, elecciones y otros pero también cotidianos, discutir con la gente, organizar grupos pequeños para protestar, resolver problemas, crear redes alternas de comunicación, defensa, logística. Es labor de dirigentes reforzar espacios de resistencia y controlados por la oposición, crear redes políticas en sindicatos, universidades, medios libres, grupos sociales, ONG’s. La mejor forma de hacerlo es en tareas específicas, no en alianzas vacías. Protestar en todos los ámbitos, defender los derechos.

Es fundamental mantener la Mesa de la Unidad. Seguramente tiene que cambiar, debe mantener el músculo electoral pero tener un desempeño más político, más cotidiano. Admitir las diferencias y la discusión, pero unidad en acciones.

Hay que dialogar con el gobierno, sobre todo para resolver problemas parciales aunque importantes como la seguridad. No se pueden discutir, por lo demás, asuntos de política nacional, economía, militares y otros que ha mostrado ser parte de su proyecto comunista-fascistoide. Respecto a los primeros, entender que es un interlocutor del que no se puede fiar, por los intereses personales de poder y enriquecimiento, por las alianzas externas, sobre todo la sumisión con los cubanos y por las rupturas que tienen internamente. Por eso  debe ser un diálogo condicionado, donde se expliciten las formas en que se va a llevar el diálogo, los objetivos que se esperan y los modos de llegar a ellos. Dar a conocer los resultados de esos diálogos y mostrar cuando no se cumplan.


Entender que el gobierno está debilitado, confundido, no sabe cómo resolver los problemas. Por eso se apoya en lo que está más o menos seguro que es la fuerza y el ejercicio descarado de la represión. Por eso es peligroso, reacciona como bestia herida y acorralada. Hay que enfrentarlo con efectividad y contundencia pero con serenidad e inteligencia.

sábado, 11 de enero de 2014

Recetario criollo

Tome un gobierno o si prefiere un "proceso", añádale un boom petrolero como nunca antes se ha visto, es decir, diez años con el barril a 100 dólares, quédese con una parte de lo que eso produce y el resto gástelo en otros países promoviendo sus proyectos personales y sosteniendo a sus aliados. Quítese 250.000 vidas (si no las tiene prodúzcalas con complicidad, indolencia, bajos sueldos de la policía, un sistema judicial podrido, mucho de no importarle nada el sufrimiento de miles de personas. Justifique con cualquier argumento la delincuencia y a los delincuentes), súmele 54% de inflación en el último año, una escasez estructural y una generosa porción de corrupción. Pulverice su sector agrícola e industrial privado (o hágalo melcocha nacionalizándolo) y cuando no quede casi nada sólido disuelva en él la otra parte de la actividad privada que era el comercio hasta que no haya nada en los anaqueles. Añádalo durante meses a la mezcla. Haga creer que hace mucho por la educación pero deje que se agote, se ponga mustia y quede en un estertor apenas con vida. Proceda primero con la educación básica, luego con la superior. En esta última corte la investigación y deséchela. Para que obtenga más de esto, masifique todos los niveles a esa bajísima calidad. Todos los egresados espolvoréelos poco a poco porque de hacerlo a un mismo tiempo descompone todo la mezcla. Machaque la convicción de que estudiar no vale la pena, que la vida se resuelve mejor de cualquier otro modo que formándose. Deje los hospitales caerse a pedazos, que la gente se muera porque no hay insumos como, por ejemplo, para diagnosticar y curar el cáncer, pague un dineral al gobierno cubano por médicos, exporte los que usted mismo produce en sus universidades a otros países. Las clínicas privadas ahóguelas hasta colapsarlas. Con mucho cuidado aumente la gasolina, devalúe por lo menos en 100% la moneda. Quítele toda civilidad a los militares y militarice toda la sociedad. Coloque todo esto en la olla de presión a temperatura de infierno. Para evitar que explote imbecilice a la gente, quítele toda iniciativa y esperanza, convénsela de que no pueden cambiar nada, que no se debe protestar, que hay solamente que calarse esto, que no hay alternativa. Pero sobre todo insista en que ellos son objetos y no sujetos de su propia realidad. Refuerce lo peor de la oposición, blinde todas las instituciones especialmente la justicia y el poder electoral, tome la constitución, sáquela y si desea úsela para rendir el papel tualé. Aturda a todos obligándoles a estar pendiente de sobrevivir, que no los maten, urgidos de encontrar leche, azúcar, arroz, diversas harinas, pollo y carne. Endúlcelo con algún dakaso en el sector que todavía quede en pie. Cuando comience a oler a azufre y mierda, ábralo, póngalo en diversos moldes, déjelos enfriar y disfrute sus adolfitos, enchufados, vivos, bolichicos, pranes, un pobre raspatarjeta y otros tipos de hombre nuevo. Cómalos en abundancia, terminará no dándose cuenta y ni siquiera lo indigestarán. La idea es que se convierta en uno de ellos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Universidad destruida



Ella es hermosa, brillante y científica a carta cabal. Profesora de la Facultad de Ciencias de la UCV, con nivel de postdoctorado, investigadora, comprometida hasta la médula con la Academia porque su trabajo en el aula y el laboratorio no es trabajo sino su vida. Con una mezcla de rabia e indignación me contaba cómo se paraliza de forma cada vez más alarmante la investigación. No se pueden comprar los insumos y equipos necesarios, no solamente por el vergonzante ahogo presupuestario, sino por el laberinto de trabas que inventa la burocracia del gobierno para controlar cada aspecto del hacer de la gente e instituciones.
Lo cierto es que en las Universidades Nacionales, donde se hace la inmensa mayoría de la investigación en ciencias naturales y tecnología del país (entre otras cosas porque solo en ellas hubo los recursos, en algún momento, para el desarrollo de los talentos que la llevaran a cabo y  la dotación de la  infraestructura física costosísima para una Universidad privada) el trabajo científico está muriendo. Esto quiere decir que se paraliza la investigación científica en Venezuela, así de sencillo, vamos a ser un país donde la producción de conocimientos y resultados tecnológicos será nula o completamente inexistente. Estamos hablando no solamente de las ciencias "puras" sino en medicina, farmacia, ingeniería, odontología, entre otros. Como mi amiga, miles de personas que han dedicado lo mejor de sus esfuerzos a formarse, crear conocimiento y saberes tienen como futuro la frustración y la nada. Para el país es un paso gigantesco que hace más profundo el abismo estructural en el que estamos sumergidos, la inopia del conocimiento y la oscuridad más tenebrosa.

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Mi hija estaba con una gripe tan fuerte que la llevamos al médico. Seiscientos bolívares costó la consulta. Mi sueldo de profesor a dedicación exclusiva es  Bs. 3800. Eso quiere decir que si pensamos que cada consulta del pediatra dura media hora, en tres horas y media hará mucho más de lo que yo gano en un mes. Cualquiera sabe que esa tarifa no es una especulación horrorosa, sino está en el orden normal de lo que cobra un médico. El problema no es ese, sino la miseria forzada a que nos tiene sometidos el gobierno nacional a los universitarios (estudiantes, obreros, empleados y profesores) que han convertido a las Universidades Nacionales en poco más que guetos dónde apenas se pueden llevar muy precariamente las actividades que le son propias y que cada vez se reducen o extinguen. No hay quien quiera ser profesor, al contrario, las deserciones del personal docente son cada vez más alarmantes para irse al sector privado o fuera del país. Todos los insumos para la investigación y la docencia y demás actividades son escasos o ya definitivamente inexistentes y los universitarios tenemos que dedicarnos a ingeniarnos y rebuscarnos fuera de la Academia para poder simplemente sobrevivir.
Todo ello porque este gobierno al no poder tener el control político de las Universidades ha decidido aplastarnos con un presupuesto que es el mismo desde el 2007, con el cerco jurídico que impide las elecciones y produce un agotamiento en todas las instancias de dirección y finalmente con el respaldo explícito y tácito a los violentos que han cometido contra los miembros de la comunidad e instalaciones, sobre todo en la UCV, agresiones de una saña y vileza núnca vistas. Esto, como suele suceder en los procesos culturales tendrá consecuencias gravísimas en décadas siguientes y corregirlo llevará otro tanto más. Es demasiado el daño que se ha hecho.

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Solamente la estupidez del fanatismo o la simple brutalidad gorila puede ver en ese ahorcamiento a las Universidades Nacionales un triunfo del que ufanarse. La destrucción sistemática que desde hace al menos unos diez años se ha propuesto el gobierno contra las Universidades Autónomas es uno de los crímenes que más caro costarán al país entero. La perdida de talentos, el hundimiento de la infraestructura física, el acoso por todos los medios de la comunidad universitaria la pagaremos caro no los gobernantes que la ejecutan o los que estamos dentro de ellas, sino la sociedad venezolana toda. Además llama la atención la cobardía con la que se lleva a cabo: al no tener fuerzas políticas dentro de las Universidades que mediante los mecanismos electorales propios de la vida universitaria se hagan con el control de las instituciones e introduzcan y propicien los cambios que se desean, han realizado este sofocamiento en cámara lenta, acosándonos por todos los intersticios, sin ni siquiera tener el coraje del asalto definitivo, la toma frontal, porque entre otras cosas reconocen que tendría un costo político enorme. Las Universidades nacionales aún con lo agotadas que están son todavía un símbolo. Por ello el totalitarismo mediocre no se atreve. Son preferibles los modos indirectos de los canallas.
 Frente a eso sorprende el mutismo obediente, cuando no complicidad abierta, con este proceder de hienas y chacales, de miembros del gobierno que son también miembros de la Universidad y, también hay que decirlo, un silencio ominoso del pueblo venezolano, a quien a fin de cuentas le pertenece la Universidad. Yo no creo en justicias divinas ni en  equilibrios morales y  automáticos del mundo. Sí, en cambio, en la toma de conciencia de la gente y en la práxis política que articule los modos para que este grave, vil, egoísta y ciego ataque a la Universidad venezolana termine y se castigue, sobre todo barriendo del poder a sus responsables y ejecutores.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Rincones, luz y sombra

Este texto es el primer ejercicio del TETE, un taller de ensayos que ha sido pretexto para la fiesta de la amistad entre quienes nos empeñamos en ser felices juntos. Va dedicado a todos ellos, los que están y los que no.


Si admitimos que el rincón se define de forma subalterna al espacio central, claro, protagónico, ordenado es entonces, por contraste, el lugar de lo marginal, oscuro, segundón, caótico. Tenemos una necesidad existencial - alimentada por nuestro narcisismo – de figurar en el segundo y evitar el primero. No nos gusta que nos tengan arrinconados.
Sin embargo, torciendo la polaridad de esa distinción podemos hacer una lectura distinta del rincón y de nuestra relación con él. En primer lugar, aun asumiéndolo en su forma más lúgubre, podemos ver un destello de quietud, de relajamiento del control social, de libertad. Pienso en mi adolescencia, en un colegio italiano en el que estuve arrinconado desde todas las perspectivas más importantes para un adolescente. Era el gordito, el pobre, el que no le gustaba pelear, el extranjero, el que estaba sólo. Pero imagino, por otra parte, el esfuerzo - y también padecer- de mis compañeros por mantenerse u obtener un puesto en el centro de la atención. El tener que dar la pelea, a veces explicita y la mayor parte de las veces sorda, por no ser centrifugados al rincón. No sabían que ahí, donde no son muy efectivos los imperativos de la moda, la apariencia, el mostrar algún tipo de estatus, se respira un airecillo de libertad, de desear y experimentar otras vivencias, de permitirse lo que en el escenario es casi inaceptable. Me imagino que ahí encontré el lugar para leer, el poder disfrutar la música académica y el saborear la soledad.
Por ahí está el acercamiento afectivo al rincón, lo que es mío, dónde me siento bien, donde hago lo que me da la gana. Es el espacio de fuga en donde nos permitimos el desorden, el oasis de la locura. Pienso en el necesario lugar para el caos que tenemos en nuestras casas por más pequeñas que sean, el espacio indomable donde ponemos cachivaches que no nos atrevemos a botar, cosas inútiles o alguna gaveta en el closet donde mantenemos ropa que sabemos no vamos a usar más nunca, fuera de moda.  Igualmente hay otros rincones menos espaciales y más temporales, los momentos, pequeños, más o menos breves donde nos saltamos las exigencias del afán por mantenernos posicionados a la vista de todos. Pueden ir desde la lasitud de algunas mañanas de fin de semana, el tiempo en la cola para los que manejan a la fiesta.
Si no bastara esta apología del rincón, acaso podemos intentar una ontología que le de la victoria definitiva. Es conocida la afirmación de Freud de las revoluciones que han sacado al hombre del protagonismo que creía tener y por ello de alguna manera lo han arrinconado. Copérnico nos expulsó del centro del universo, ahora sabemos que somos una mota insignificante en una inmensidad apenas imaginable. El cosmos es la esfera que tiene la circunferencia en todas partes y el centro en ninguna que, como escribe Borges, liberó a Bruno y atormentó a Pascal. Darwin nos quitó el título de culmen de la creación para situarnos a la par de los vermes y las moscas en el origen y mecanismos que gobiernan nuestra existencia como seres vivos en el planeta. Finalmente, el mismo Freud diluyó la imagen del sujeto que puede gobernar su vida racionalmente y nos dibujo más bien la de un ¿sujeto? que apenas puede mantener un frágil equilibrio entre los impulsos que nos conforman y gobiernan. Ni centro del cosmos, ni último escalón de la creación y ni siquiera dueños de nosotros mismos. El otro descentramiento importante es la conciencia de la “profundidad del tiempo” tanto cosmológico como histórico (abrumadoramente más inmenso el primero que el segundo) que atomiza cualquier período de tiempo en el que somos protagonistas y lo hace ridículamente instantáneo.
Una consecuencia obvia es que sin centro, siguiendo la precisión con que comenzamos, no hay rincón o, más bien, sí hay centro y rincón, pero ambos son tan relativos entre sí, tan lábiles, móviles y difusos sus bordes, tan diminutos y efímeros, no solamente respecto a la vastedad del espacio y el tiempo sino a la otra, tal vez más importante para nosotros, del peso y altura de esas personas, obras, momentos tan determinantes en la cultura y con un aliento que nos llega tan poderoso. Frente a ellos nuestros afanes, orgullos y logros o las angustias y tristezas por haber estado o estar arrinconados, desplazados de la atención y no figurar si bien son legítimos - porque son el pathos nuestro de cada día - deberían atemperar su intensidad y que el brillo del triunfo o la oscuridad de la pena provocadas por tan frágiles y mínimas circunstancias, lo reconozcamos con la ligereza y transparencia de la lluvia leve, del suspiro en el rincón olvidado.
Sin pretender borrar los matices oscuros y dramáticos que acompañan al rincón y arrinconamiento, también esos matices sirven para dibujar un paisaje no tan trágico, menos tenso y por tanto más relajado y abierto a posibilidades. Sin embargo, situándonos más desde la posición de figurar en lo que he llamado centro, desde el cual se nos juzga a muchos como metidos en un rincón, vale también discutir el peso mismo de ese centro, su “densidad” existencia y más bien aventurar que los rincones que todos habitamos son más o menos amplios, más o menos iluminados, más o menos permanentes, pero en fin, rincones. Desde esa conciencia, acaso sea un imperativo el que vivamos nuestros rincones en esa maravilla del claroscuro, donde la sombra es un medio para hacer más hermosa la luz.

martes, 29 de marzo de 2011

Virtud

Hans-Georg Gadamer señala acertadamente que existen palabras que parecen haber perdido sentido para nosotros. Son como piezas de museo en libros más o menos viejos que leemos con nostalgia y acaso con un gesto de indulgencia por la simplicidad e ingenuidad de quienes las usaron. Uno de sus ejemplos es el termino “virtud”.

Ciertamente el uso de la palabra virtud entre nosotros tal vez se ha restringido al de la persona que ejecuta bien algo “un virtuoso del piano” por ejemplo. Pero la carga moral y ética nos parece más bien apolillada, rígida y acaso decadente. Escuchar decir de alguien “es una mujer virtuosa” o el lamento “se han perdido las virtudes entre la juventud” serían casi una provocación a la risa. Hoy los jóvenes universitarios nos han mostrado que el concepto de virtud moral si acaso en desuso no ha muerto y le han dado un fuerza y brillo inusitado.

No soy un convencido de las huelgas de hambre, hay en esas acciones algo que me incomoda, si bien la lucha política (y quiero señalar con este termino el meterse en y con los asuntos de la ciudad, del país, con lo que nos interesa a todos) requiere sacrificios, los del ayuno me parecen un poco paralizantes, individualizados, no convocan a la gente sino a una incomoda solidaridad contemplativa, distinto, por ejemplo, a la huelga que mueve a la conciencia y a la acción a los grupos sociales involucrados en la lucha. En este mismo sentido, menos aún comparto la autoflagelación como el coserse la boca. Pero estas opiniones personales rápidamente las dejo a un lado porque los jóvenes que han mantenido la huelga en el PNUD han conseguido con el modo en que realizaron su protesta sus objetivos. Es una estrategia victoriosa.

Pero quiero señalar tres gestos que además de efectivos han sido especialmente luminosos por la virtud que han mostrado dándonos al resto de los venezolanos una lección de moral. El primero es la determinación y valentía por haberse mantenido firmes en su acción durante todo el tiempo que duró y además, cumplir sin dudas ni dilaciones oportunistas los distintos niveles de radicalización de su lucha. Lo que anunciaron lo hicieron. Eso que entre nosotros es tan poco común, resulta ya admirable, ser consecuente en los actos con lo que se dice (otro asunto es si efectivamente algunos de ellos incumplieron la huelga de hambre). Traza una línea clara respecto a la conducta de tanto bravucón de nuestro zoo político.




El segundo gesto es el motivo, la lucha por el presupuesto de las Universidades. La canalla de los voceros gubernamentales, entre ellos los “revolucionarios” líderes estudiantiles reclama que la protesta se ha limitado al problema del presupuesto. ¡Pero si el manejo del presupuesto se ha convertido en el dogal bastardo del gobierno para someter las Universidades! Todos los intentos realmente políticos para controlarnos han fracasado y el gobierno se ha cebado en ahogar las Universidad presupuestariamente, con mayor inquina que cualquiera de los gobiernuchos de la cuarta. De modo que luchar por el presupuesto, no es solamente justo por sí mismo, sino porque ataca uno de los más importante frentes de la ofensiva contra la Academia.

Y por último la prudencia (en todo el sentido aristotélico de sabiduría práctica) y generosidad de los estudiantes casi al final de la huelga. Chávez mismo en, un falso gesto de magnanimidad, ofreció lo que solicitaban en cuanto a las reivindicaciones meramente estudiantiles. Pero detrás de ofrecimiento estaba el veneno de la división: les damos lo que piden para ellos y los aislamos de los otros sectores de la comunidad universitaria. Los estudiantes de manera aguda percibieron rápidamente la táctica y se mantuvieron firmes exigiendo solución para todos los sectores, personal administrativo, obreros, profesores y ellos mismos. Pero especialmente a los profesores sometidos a un apartheid político de parte del gobierno. Con voz firme le dijeron al país que la lucha es por todos los que formamos parte de las Universidades.

Escribir sobre las virtudes debe lleva a hablar de los vicios. No lo voy hacer hoy, estás líneas son para nuestros estudiantes, para honrarlos. Apenas si merece alguna mención el infeliz y rastrero comentario del señor canciller Maduro, de ahí para abajo no deja de subir la miseria de los opinadores del chavismo. Entiendo perfectamente que se trate con dureza (hemos aprendido a no esperar flores) a los opositores pero aun se podría mostrar algo de decencia. Este es un ejemplo amargo que ni eso.

Lo señalaba arriba, nuestros estudiantes nos han dado una gran lección, sobre todo a nosotros sus profesores. Ante la apatía de la comunidad universitaria en general y ucevista en particular su acción, los gestos que he mencionado y otros han sido una enseñanza de virtudes tanto políticas como individuales. Han ofrecido una forma gallarda de hacer política y un modo ejemplar de actuar ético

Honor a su lucha, ahora debemos acompañarlos.

lunes, 23 de agosto de 2010

El discreto encanto de nuestra burguesía

El espíritu de nuestro tiempo, criado bajo el más totalizante y chato hedonismo no puede entender –y por eso no hace suya- la necesidad del padecimiento, del tránsito en el desierto, de vivir la derrota, del saber gustar la acrimonia con que a veces se nos presenta la vida, de acariciar su dureza constitutiva y ejercer el recogimiento al que invita la noche oscura del alma. Ante eso nosotros siempre preferimos huir hacia lo soft, lo cool, lo edulcorado, forzar hasta lo absurdo y ridículo el happy end.

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Del mismo modo, la necesidad de una expresividad extrema, casi constitutiva de nuestro ser (el uso y abuso de teléfonos celulares, computadoras, el amplio espacio de los medios de comunicación son rasgos importantes de este goce devorador de comunicarse, de estar conectado, de hacerse notar) ha acallado el momento del silencio, de la mudez, del alejarse por momentos del parloteo infinito y tratar de escucharse en la intimidad, palpar lo que tenemos que decirnos y lo que dice el mundo a través de nosotros. Pascal tenía parte de la respuesta: seguramente no vamos a soportar lo que se nos aparece que es la muerte y nuestra condición de absoluta menesterosidad y finitud.

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Coquelin: ¿Qué es lo bello?
Oscar Wilde: Lo que el burgués llama feo.
Coquelin: ¿Y que es lo que el burgués llama bello?
Wilde: Eso no existe.


La cultura burguesa –y en especial nuestra burguesía y pequeña burguesía criolla- no puede tener la experiencia de la belleza ni, en consecuencia, intentar vivir bellamente, porque solo gusta de lo bonito, lo iluminado, de la melodía graciosa y sobre todo la novedad de oropel. No hace suya la necesidad del equilibrio con la oscuridad, el horror, el tempo cansino, el pararse ante el abismal misterio de lo real. Igual que lo meramente bonito, lo grotesco, no el horror sino lo horrible, la música violenta y brutal (pienso en el reaggetón), la sordidez, tienen un espacio aparte en sus vidas, aislado sin vasos comunicantes con lo anterior, del cual se entra y sale como de la casa del horror de la feria, que se disfruta, pero que está desconectado de la vida como la feria fuera de la ciudad.

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Si no fuese tan natural debería llenarnos de asombro y tristeza la pobreza espiritual de nuestras actuales clases más o menos pudientes. Su falta de cultura, de formación amplia, universal, su gusto ramplón y por tanto sus costumbres tan chatas y, no menos importante, su cobardía política y falta de un ethos.

Por referencia a la cultura basten un par de ejemplos. Con el copamiento de los museos públicos, bibliotecas, teatros por las grises y chabacanas propuestas chavista no se ve ninguna iniciativa -a no ser por minúsculas gestos de grupos que para nada encarnan el sentir general- de crear alternativas a esos espacios para sí mismos. La respuesta es simple: no les hace falta. Basta preguntarse cuáles son sus logros en la cultura, cuál es su “consumo” cultural. Otra vitrina de su estulticia son las Universidades. Las privadas son en general centros de formación de cuadros técnicos para empresas y negocios y para nada lugares de formación de un espíritu vigoroso en todas las áreas de la cultura, de generoso mecenazgo de algo distinto a la administración, derecho y economía (ojalá fuésemos más pitiyanquis en esto y siguiéramos el ejemplo de la Universidades privadas norteamericanas) y, por otra parte, las Universidades públicas languidecen arrinconadas vilmente por el gobierno sin importarles mayor cosa más allá de cierto tráfico politiquero de corto alcance.

Respecto a lo segundo, lo que podríamos llamar sus "virtudes" republicanas, el panorama tal vez es peor. Cómo en lo anterior, excepto en poquísimos casos, este sector social encerrado en sí mismo por el terror neurótico, impotente, le ha dado la espalda al país, ha perdido la apuesta cívica, el honrarse con el servicio público, reconocer la necesidad de involucrarse y ejercer lo político. Contrasta con la actitud de esas mismas clases de cuarenta, cincuenta o sesenta años atrás que construyeron un país (desde el establishment o contra él), que se tomaron el riesgo de enfrentarse a la dictadura y posteriormente, en la naciente democracia, se fueron a la guerra (una guerra de verdad) o se quedaron a defender el modelo político que habían construido, lo que no es menos valiente. Al enajenarse de esa manera no extraña que la única salida que perciban es irse del país, lo que no deja de tener, por cierto, muchísima justificación. En todo caso, volver a recuperar ese lugar, hacer vida en este país, en el sentido más amplio y generoso llevará mucho tiempo, esfuerzo y, seguramente, que vengan otros distintos a estas dos generaciones ahogadas en su propia impotencia y mezquindad.

Nota Bene: mal pensaría algún lector distraído que estas líneas pudieran usarse al lado de la verborragia chavista contra "la oligarquía", nada más alejado de nuestra intención. A buena parte del chavismo de clase media y su ricachones les queda el triste papel no de ser la antítesis de lo descrito anteriormente, sino tal vez su culminación más extrema.

domingo, 15 de febrero de 2009

Tres momentos de la izquierda derechizada

Prefiero al jefe de un ejército de ocupación extranjero en la presidencia de la República que a Hugo Chávez

Angela Zago



Que Chávez ha enloquecido este país se muestra en como a algunos la brújula política se les ha extraviado. No se trata ya de la crítica directa hacia el gobierno sino de actitudes y opiniones que si no muestran rasgos de la derecha dura –démosle el beneficio de la duda- al menos evidencian un grave garete político, que impide separar el grano de los motivos de una izquierda decente de la paja de la derecha de uña en rabo

Lo menos que deseo aquí es defender al gobierno y a su timonel. Bastante hay que criticarles y hay que hacerlo ferozmente, aunque mis críticas apunten a otro lado que es radicalmente distinto del que se trasiega en los medios de la oposición. Quiero más bien llamar la atención sobre ese extraño e infantil giro de “si es lo que dice Chávez, entonces la cosa va por el otro lado” de mucha de la izquierda bienpensante. Me permito poner dos ejemplos concretos y una, llamémosla así, alegoría. Los dos primeros ilustran lo que quiero decir y el tercero honra lo que creo es una actitud opositora, pero clara en su perfil de avanzada. Los dos tienen como protagonistas no a opositores histérico de esos que sin el menor disimulo sueltan cualquier insulto racista contra Chávez o sus seguidores, como sucede en esa fétida cloaca que es Noticiero Digital en la que minuto a minuto se destila lo peor de la miasma del pensamiento de la oposición, de esa gente-bien,-clase-media-como-uno. Al contrario, los personajes que uso para ilustrar mi idea pasan por ser faros de los sectores más progre de la política venezolana. Tampoco pretendo hacer un sesudo análisis de su estructura ideológica-política, sino mostrar tres pinceladas de un tipo de conducta que a ratos me disgusta y la mayoría de las veces me parece vergonzante.

El primero es Teodoro Petkoff en su editorial de Tal Cual del jueves 12 de febrero Chávez y la Sinagoga. Después de reconocer tímidamente que ese hecho vil y despreciable no fue realizado por agentes del gobierno, sino más bien por malandros del entorno de seguridad del templo, acusa sin embargo, de autor intelectual o inspirador a Chávez por sus ataques antisemitas. A ese gran bocazas que es Chávez más de una vez se le ha escapado lugares propios del antisemitismo. Mal que bien ha tratado después de enmendarlos (en esa tónica ocurrió el encuentro con el Congreso Judío Mundial) y la cosa se ha suavizado, no porque yo lo diga, sino porque los agraviados han aceptado, mal que bien, las disculpas. Puede que haya algo de lo que dice Teodoro, pero me pregunto -sin que se asome por ello en ninguna parte la más leve sospecha de justificación- si la barbarie hecha por el estado sionista de Israel en Gaza no puede ser un propulsor (como lo llaman los psicólogos) más poderoso de esa acción delincuencial. Lo que ha dicho Chávez es grave, pero lo que ha hecho y continúa haciendo el estado de Israel contra el pueblo palestino es más terrible y sin embargo, sobre eso Petkoff parece no hacer la más leve asociación. Elegir esa sola respuesta, sin considerar la segunda habla más del que las pondera que del peso específico de cada una, nos muestra elocuentemente la posición de Teodoro.

En el mismo Tal Cual pero del lunes 09 de febrero, en sus Distopías titulado Red Bull con Anís, Ibsen Martínez cae, sin prurito alguno, en el fácil expediente de describir a los chavistas, ahora pesuvecos, como “feligreses a sueldo y de empleados públicos nariceados” que pasan los mítines a punta de un brebaje infernal de Red Bull con anís, solo tragable por los susodichos, no por la gente-bien,-clase-media-como-uno. No me es difícil recordar a una Colomina, a las 5:30 de la mañana en el canal diez, vociferando las lindezas de que los chavistas eran hordas de delincuentes borrachos ¡Martínez, lo mismo que dice la derecha más desaforada! ¡Por dios un poco de respeto por un grupo político de al menos unos cinco millones de personas! ¿no es meter en un solo saco denigrante e insultante a ese inmenso gentío? Eso de la generalización es una de las puertas de entrada al fascismo: ¿recuerdas lo de que todos los colombianos son ladrones en los años 80? ¿o el tema del programita de la licenciada Beatriz de Majo acerca de la flojera y manganzonería propia del venezolano? ¿No es acaso uno de los trabajos de los intelectuales distinguir un poco, hilar fino? De nuevo el discurso antichavista se convierte en el pretexto de un pensamiento de derecha sin embozo, y eso que quien lo escribe afirma ahí mismo que “no solo soy un demócrata, sino que tengo la sangre razonablemente liviana” ¿has leído Ibsen aquello de Sartre de que nuestras almas bellas son racistas?

El tercero, pero ahora afirmativo, supondría traicionar la cálida privacidad de una reunión por demás grata en casa de un amigo, por ello será solo una vaga evocación. Se discutía ahí, en el 2006, entre buenos amigos que además son, a mi parecer, de lo más alto de las humanidades en este país, sobre las elecciones de México. Casi todos estaban fundamentalmente contra López-Obrador porque era algo así como el Chávez de México. “Calderón es más serio, no es el demagogo populista de López-Obrador” se decía palabras más o menos. Un historiador, antichavista como ninguno, y hombre de izquierda con sensatez política ripostó diciendo que había que tener cuidado con el PAN, que esa gente es lo más reaccionario de México, que son la herencia de los Cristeros. Lo mismo que sucedía –recordaba- con el PP de España, eso no era ninguna derecha así no más, sino era la quintaesencia del franquismo. En dos platos, que por ser antichavista no se debía caer en la tentación de coquetear con las posiciones de la extrema derecha.

Ahí pude ver un compañero de rumbo que sin amainar la virulencia de sus ataques al proceso, mantuvo sin embargo definido su perfil, sin olvidar quién es quién, lo que es imprescindible para saber quién es uno mismo. Se trata de estar más centrado pero en la izquierda, por supuesto.